viernes, 14 de mayo de 2010

Texto de varios nietos leído por Nano

Por “Abuelita/Doña Luisa” con mucho AMOR y CARIÑO:
“Nos hemos reunido hoy aquí…(porque la DOÑA nos lo ha pedido) para compartir algunas de las tantas, tantas y tantas cosas por las que tenemos que darte las GRACIAS:

1.- Por esta familia: 10 hijos, 30 nietos, 27+2 bisnietos, 4 tataranietos, sus correspondientes parejas, piojos pegados,… por haber luchado y logrado mantenerla unida.

2.- Por ese caldito “que sienta las madres”, por ese café con leche, recién colado, con azúcar, bien calentito, y ese pan con mantequilla, siempre del día, esas torrijas, tus croquetas, las “albóndigas de abuelita”, las natillas con bizcochitos, tu arroz con leche, tus pestiños… y tantos y tantos platos que ninguno hemos sabido hacer como tú, estamos convencido de que el ingrediente que nos falta es el “amor que tu le ponías”

3.- Por esos consejos no siempre tan agradables de oír pero siempre tan acertados

4.- Por SIEMPRE decir lo que pensabas, quizás, una de las cualidades que más te admiramos y envidiamos, incluyendo mandar a hacer puñetas a quien se lo merecía sin ofender

5.- Por repartir amor a partes iguales, sin tener favoritos

6.- Por hacernos sentir a todos especiales en tu vida, tu amor incondicional

7.- Porque supiste enseñarnos con hechos no con palabras: tu honradez, tu firmeza ante la vida, tu espíritu de sacrificio

8.- Por saber afrontar la vida como viene, buscando siempre la salida, siempre la hay, aunque fuera a base de arroz y azúcar. Llorando cuando había que llorar, y riendo cuando había que reír, con esa sonrisa que iluminaba toda tu cara y esa carcajada que siempre contagiaba

“LLORAMOS, NO POR PERDERTE, SINO PORQUE EL MUNDO HAYA PERDIDO A UNA PERSONA TAN ESPECIAL COMO TÚ”

…y saben lo que Dª LUISA les diría en este momento…:

“QUE SON TODOS UNOS MERDELLONES…”

Carta de Ani, familia de Maruquita




Carta de Ani, familia de Maruquita, leída por Luisi en el funeral de abuela.

lunes, 10 de mayo de 2010

En nuestro recuerdo siempre (texto de Carmen)

Si tuviera que utilizar una sola palabra para definir a mi abuela, y aún siendo difícil, lo tendría claro: entrega.
Durante los años que tuve la fortuna de tenerla en mi vida mi abuela me entregó amor, cariño, calor y apoyo. Me prestó su hombro para llorar y me abrazó en los momentos duros, pero también rió conmigo y estuvo a mi lado en los felices, alegrándose como yo misma de lo bueno que me daba la vida.
La casa de mi abuela era el refugio de todos, sin excepción, ella no hacía excepciones. Cualquiera tenía allí su segunda casa, no hubo ni una sola ocasión en la que no me recibiera con los brazos abiertos y la sonrisa en la boca. No hubo una ocasión en la que no me ofreciera un plato de lo que hubiera ese día en el caldero, porque es que ella, que siempre había cocinado para un batallón, nunca se acostumbró a hacerlo para uno, y las visitas aprovechábamos esa incapacidad para comernos un plato de rancho, unos chicharros encebollados, unas torrijas o unos rosquetes por Navidad. Siempre que no la pillaras en medio del culebrón, porque si se te ocurría hacer eso, o te despachaba con viento fresco o te veías obligado a sentarte y ver la tele para oírla insultar a Pedro Alfonso Nicolás por haber dejado a Estela Aurora embarazada y tirada.
Doña Luisa era especial. Mis amigos alucinaban cuando la oían soltar tacos y afirmar, con total rotundidad, que a ella no la chuleaba nadie, ni siquiera sus hijos. Y quizás esos fueron dos de los valores que nos transmitió y que yo agradezco especialmente, el orgullo y la dignidad, dos máximas que luego mi madre continuó enseñándonos.
Era morruda como ella sola. No había quien la bajara del burro, y cuando se posicionaba sobre algo, ya te podías olvidar de que cambiara de opinión. También tengo que decir que por culpa de mi abuela en mi casa no se hacen las camas sino por la noche, antes de acostarnos. Hasta diez veces me deshacía una cama que yo había hecho previamente porque quedaba una arruga que no era de su gusto, la muy cabrita.
Durante unos años nuestras posiciones fueron irreconciliables, estábamos en polos opuestos, esos polos que la vida va acercando por medio de experiencias compartidas.
Mi abuela vivió una guerra y una posguerra, pasó momentos muy difíciles, como muchos entonces, y también como muchos que tuvieron esas experiencias se crió en un valor con el que hoy nos llenamos la boca pero que por entonces se practicaba mucho más: la solidaridad. Esa solidaridad que la hacía estar pendiente del que tenía menos, pese a que todos tenían poco, de compartir lo que se tenía, por poco que fuese y de echar una mano en los momentos difíciles a cualquiera del entorno. Es lo que la llevó a tener una relación de cariño con sus vecinos y amigos que fue correspondida, como he podido comprobar siempre y más últimamente.
Pero por encima de todo mi abuela hizo una gran labor. De eso soy testigo al contemplar a esta enorme estela de personas a las que quiso, que la quisieron y que la seguirán queriendo. Este nutrido grupo de personas que tienen algo de su sangre y, por lo tanto, algo de ella, y que la llevarán siempre en el recuerdo.Sólo puedo darte las gracias abue, ha sido un privilegio tenerte en mi vida.

domingo, 5 de julio de 2009

El tranvía

Hoy, subiendo a la vieja desde casa de tía Merce hasta Bajamar, nos cruzamos con el tranvía a la altura de la Cruz de Piedra. Esto motivó que me hablara del que ella cogía cuando tenía diez u once años, para llevarle la comida a su padre, Antonio.
Me contaba que lo cogía en La Cuesta, donde vivían por entonces y durante unos años, y se bajaba en Santa Cruz, aunque luego iba hasta el muelle caminando para cogerlo de nuevo a la subida. Le costaba tres o cuatro perras gordas y normalmente el tren estaba compuesto de un vagón principal en el que iba el conductor y que tenía puertas, y el resto lo constituían las llamadas 'jardineras', que no tenían puertas y que eran muy utilizadas por las lecheras, porque podían meter los recipientes con la leche debajo de los bancos y eran más espaciosas.
Me soprendió que, con esa edad, fuera ella sola en el tranvía, ¡lo que han cambiado los tiempos!
En la foto puede verse un tranvía del año 1921 en la Plaza de Weyler.
Besos a tod@s


jueves, 23 de abril de 2009

Como una niña

En estos días he estado bajando a casa de mi madre y como abuela está allí, pues he convivido un poco con ella. ¡Tendrían que haberla visto jugando con Gabriel a explotar globos!, parece una niña chica cuando él la busca para fastidiarla, se pone a su altura y si te descuidas la ves hasta corriendo detrás del chiquillo para darle con la mano izquierda, que es la que le funciona!!!

martes, 21 de abril de 2009

Reunión de tíos y primos

Aprovechándome de la afluencia del blog, les comunico que el día 22 de Junio, estaré llegando a Tenerife, aunque estaré una semana antes en Barcelona.
Me gustaría, como todas las reuniones me las pierdo por lo lejos que estoy y por lo complicada de nuestras agendas y vidas,vernos todos y compartir una cena. Vaya me voy a mandar, como dicen aquí, y el vino va por mí.
Creo que son escasas las ocasiones en que podemos estar y vernos juntos, y como queda tiempo aún, podemos ir reservando un día a conveniencia de todos, propongo el 26 y cenamos en algún mega restaurante donde quepamos todos comodamente. Pienso que la comida es lo de menos, también puedo proponer algun restaurante de estos. Podemos ir confirmando y según los que vayamos siendo ir buscando el marco apropiado.
Pasan los años y no sabemos unos de otros, nacen nuevos primos-sobrinos-nietos ect, y no nos enteramos.
¿Qué les parece?

Besos para todos

jueves, 9 de abril de 2009

Nombres para recordar

El domingo pasado estuvo abue por Bajamar y me estuvo hablando de antepasados, tanto por su parte como por la de abuelo Justo.
Tomé nota porque, probablemente, todos estos nombres se pierdan si no se anotan. La lista es un poco rollo pero creo que merece la pena tenerla por escrito. La vieja tiene mejor memoria a largo que a corto plazo, o sea que seguro que los nombres estarán más o menos bien.
De los parientes de abuelo Justo se acuerda menos, claro, pero sus padres se llamaban Dominga Franchy Pérez (era de La Victoria) y Justo Baquero Egido (de Plasencia, Extremadura). Tuvieron a Guillerma, Amalia, Aurelio, Pepe y Justo, además de Armando (hermano de madre).
Por parte de abuela, sus padres (creo que a esos los conocemos más todos) eran Concepción Expósito Expósito y Antonio Hernández Plasencia, que tuvieron a Antonio, Luisa, Jorge, Benita, Vilo, Julia y Mercedes.
Abuela Luisa también se acuerda de sus abuelos. Los maternos se llamaban Claudio Expósito y Mercedes Expósito, que tuvieron a Manuel, Leonor y Concha (nuestra bisabuela).
Los abuelos paternos eran Pablo Hernández (el famoso Maclú, aunque no se escriba así, procedente de Marruecos) y Benita Plasencia, que tuvieron a Ramón, Virgilio, Luisa, Antonio (nuestro bisabuelo), Manuel, Carmen y Secundino.
Pues ahí va el listado. Adjunto también otra foto de los años mozos de la doña.
Besos a tod@s.
Carmen